Una juez ha imputado a
tres concejales del Ayuntamiento de Madrid -la edil de Medio
Ambiente, Paz González; el de Seguridad, Pedro Calvo, y la de
Urbanismo, Pilar Martínez- por un delito de contaminación
acústica y atmosférica. Están encausados por no impedir el
calvario de cerca de 8.000 vecinos de la avenida de Portugal,
que desde hace 30 años soportan más de 80 decibelios de ruido
-60 es el nivel máximo tolerable, según la ley- y los humos de
los 150.000 coches que pasan cada día justo frente a sus casas.
Por este delito pueden ser castigados con prisión de seis meses
a cuatro años.
En los alrededores de
la avenida de Portugal no se puede dormir. De día y de noche,
según un informe de la Guardia Civil que consta en las
diligencias del caso, el ruido de los coches supera con creces,
en más de 20, el tope de 60 decibelios que la ley considera
tolerable. En los cuatro colegios que hay en ese tramo de la
carretera de Extremadura, los alumnos tampoco pueden
concentrarse. Incluso con las ventanas cerradas, se oyen los
motores y pitidos de los coches, según la queja repetida de los
padres.
La Asociación de
Vecinos Unión Casa de Campo presentó en marzo del año pasado una
denuncia en los Juzgados de la plaza de Castilla. Fue la última
opción, hartos de silencios y tras múltiples protestas, cartas
al alcalde y reuniones con responsables del Ayuntamiento para
que solucionasen su constante problema: el sinvivir que implica
tener la casa a menos de 10 metros, e incluso a sólo dos, de una
carretera por la que circulan 150.000 coches diarios. Es una las
zonas más colapsadas de la capital.
Los vecinos creían que
sus problemas con el ruido acabarían al hilo de las obras de la
M-30 y el soterramiento de la carretera de Extremadura. Pero
entonces el Ayuntamiento de Madrid decidió que ese túnel
emergería a la altura de la avenida de Portugal y que un tramo
de 1,8 kilómetros de la carretera de Extremadura quedaría sin
soterrar. Justo al lado de sus casas.
La normativa sobre
contaminación acústica considera delito propiciar o no hacer
nada ante un ruido que supere el límite legal. Los vecinos ya
tenían mediciones del propio Ayuntamiento que revelan exceso de
ruido y las aportaron al juzgado. Lo primero que hizo la titular
del Juzgado número 45 de la plaza de Castilla, Raquel
Fernandino, fue declarar secretas las actuaciones y encargar a
la Guardia Civil un informe. Durante casi dos semanas, los
agentes midieron los decibelios, de día y de noche, en 22 sitios
distintos, e incluso desde dentro de tres casas de afectados.
Hasta 83 decibelios fueron detectados en algunas mediciones, 23
más por encima de los "mínimos legales", según el informe.
Pero antes de acudir a
"una última instancia", los vecinos enviaron una carta al
alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, en la que le pedían
explicaciones por no enterrar el tráfico en el tramo de 1,8
kilómetros y le expusieron sus sufrimientos con el ruido.
Gallardón les facilitó una reunión con los ediles ahora
imputados, además de con ingenieros de las obras de la zona.
De nada sirvió, según
los vecinos, que aseguran que sólo les aconsejaron que pidieran
medios al Ministerio de Defensa para que, en el marco de la
Operación Campamento, se solucionara el problema que les afecta
a lo largo de los 1,8 kilómetros que median entre la salida del
túnel de la avenida de Portugal y la salida a la carretera de
Boadilla. Además, les comentaron que "problemas técnicos de
diversa índole" habían desaconsejado soterrar ese tramo. También
pidieron pantallas acústicas, pero les dijeron que, dada la
altura de algunas viviendas, la medida era inviable.
Los ministerios de
Defensa y Fomento argumentaron que la titularidad de ese tramo
de la vía había sido transferida al Ayuntamiento y que, por
tanto, era urbana, es decir, que debía solucionarlo el
Consistorio.
Desesperados, los
vecinos volvieron a acudir a la alcaldía. En esta ocasión,
Urbanismo les dijo que las obras que se acometen en la M-30
propiciarían una reducción del tráfico de 90.000 vehículos
diarios en ese tramo. "Pero eso es falso", aseguran los vecinos
en su denuncia ante el juez.
www.elpais.es 30.04.07