El nuevo presentador del Diario de la
Noche en la televisión de Esperanza Aguirre,
Fernando Sánchez Dragó, reconoció en El Mundo que su aireada
lucha antifranquista tuvo su origen en “la estética de la aventura y la
literatura, y no la tediosa ética de la política”. Se ratificó en sus elogios al
falangista José Antonio Primo de Rivera y añoró la aristocracia. Habrá que estar
muy atentos a su aterrizaje forzoso en la realidad como presentador de un
informativo, después de reconocer que no le interesa “casi nada de lo que en el
mundo ha sucedido tras la caída de Constantinopla”.De la aristocracia, dice que
es el “gobierno de los mejores; nada que ver con la sangre azul”, frente a la
“chusma” en la que “estamos metidos hasta el cuello”.
Lejos de la cruda realidad
Sánchez Dragó cree estar desde hace mucho tiempo por encima del bien y del mal,
de lo mundano y de la “chusma” e impone su condición se septuagenario para salir
airoso de cualquier crítica alegando que “sólo un anciano puede atreverse a
decir en la Europa de hoy, depresiva, represiva y mojigata, que la estética es
su ética”. Su amiga y vecina, Esperanza Aguirre, ha decidido sin embargo
confiarle el informativo nocturno de Telemadrid, Diario de la Noche, a
partir del 22 de enero, tras la sonada marcha del periodista German Yanke por no
plegarse a las consignas de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Le preocupa
el “mutismo” de sus “enemigos” y se pregunta: “¿Cómo es posible que mi última
novela sólo haya suscitado elogios?".
Lo que ocurre en el planeta es "infecto"
Nadie
está a salvo de las críticas de Dragó: “Estoy, vuecencia, hasta el gorro de
revolucionarios, de los rupturistas, de los reformistas, de los progresistas, de
los predicadores, de los salvadores de la humanidad…”. Detesta también a los “sans-culottes
de la toma de la bastilla”, deplora “la victoria de Abraham Lincoln frente a los
gallardos caballeros del Sur”, “maldigo a quienes asaltaron y destrozaron el
Palacio de Invierno”, “desprecio al masonazo, militarote y borrachín Kemal
Ataturk”, idealiza “el África Negra de los exploradores y colonizadores” porque
“hoy sólo quedan allí sátrapas tribales, negreros, funcionarios de la ONU y
curitas laicos de oenegé”.
En pie, patricios de la tierra y no
famélica legión
Dragó barrió de un plumazo todo lo que no fuera la estética y José Antonio Primo
de Rivera y suponemos que en referencia a José Luis Rodríguez Zapatero dijo
estar “hasta el gorro de su Gobierno y de cuanto su Gobierno hace y representa,
de los Estatutos-todos-y de las trifulcas cainitas, de las disputas mediáticas,
de la Memoria Histórica, de la República, el Alzamiento y la guerra, de los
flatus vocis (tolerancia,
solidaridad, multiculturalismo, diálogo, talante, negociación, Alianza de
Civilizaciones), de los pedigüeños y los quejicas…” y una larga ristra que
incluía a emigrantes, los matrimonios civiles, Ferrán Adriá o
El Pocero. Concluyó con una
perogrullada: “¿Tendrá cojones El Mundo para publicar este artículo?", y con un envite
válido para los de su casta: "¡En pie, patricios de la tierra!".
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.11.01.07
Proclama de año nuevo(*)
Yproclamación, mediante ella, de los
Derechos Universales de la Literatura. Decía Nietzsche que «sólo como fenómeno
estético se justifican eternamente la existencia y el mundo». Así es, aunque así
no os parezca. Lo sabía de niño, lo olvidé en mi juventud, lo negué luego, lo
reconozco ahora. Sólo un anciano, al que la edad torna invulnerable, puede
atreverse a decir en la Europa de hoy, depresiva, represiva y mojigata, que la
estética es su ética y que siempre había sido, para él, así.
Fue la estética
de la aventura y la literatura, por ejemplo, y no la tediosa ética de la
política, la que me condujo a correr al toro del antifranquismo. Lo que de
verdad me importaba entonces era el anti, no el franquismo. Hubiera luchado con
igual denuedo contra cualquier otro sistema dominante. Rebeldía, j'ecrit ton
nom.
Poeta y profesor
Valverde: Nulla ethica sine aesthetica.
Hoy puede ser un
gran día, hoy ganaré unos cuantos -pocos- amigos y me granjearé una montonera de
enemigos. Tanto lo uno como lo otro me causa intenso placer. Sobre todo lo
segundo, pues de amigos voy sobrado, y de enemigos, en los últimos tiempos, no.
Su mutismo me preocupa. Sería horrible carecer de ellos. Cela, que los tenía a
mares, les agradeció los servicios prestados en la dedicatoria del Pascual
Duarte. ¿Cómo es posible que mi última novela sólo haya suscitado elogios sin
merecer o, por lo menos, recibir el espaldarazo de una, digo una, crítica
aviesa? ¡Con lo que se prestaba a ello por tratar, entre otras cosas, de la
Guerra Civil y elogiar, por ejemplo, la figura de José Antonio, en lo que, dicho
sea de paso, me ratifico! Mal asunto. ¿Será porque he cumplido los 70, llevo
unas cuantas soldaduras en los sifones del corazón y me dan por amortizado o
incluso por amortajado?
Lo dicho, pues...
A situación de emergencia, toque de rebato. Hoy puede ser un gran día (para mí,
se sobrentiende). Hoy salgo sin adarga a campo abierto, hoy diré lo que me
plazca, hoy canto de plano, hoy -los Dragó vienen de Córcega- navego a todo
trapo con pabellón pirata. ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Señor Conde-Duque
de León y demás validos -balidos- del Santo Oficio de la Corrección Política:
desplieguen, por favor, sus servilletas, desayúnense con esta epístola satírica
y censoria, con este desahogo, y envíenme después a los corchetes.
El director Primo
de Rivera, padre de un héroe, tildó a Valle-Inclán, máximo esteta, de eximio
escritor y extravagante ciudadano. Razón llevaba en las dos cosas.
Por cierto: hace
poco, al término de una conferencia por mí dada no sé dónde, se me acercó un
joven licenciado en Económicas para preguntarme qué diablos significaba una
rarísima palabra que yo había utilizado en el curso de mi exposición.
-¿Cuál? -pregunté
con cortesía.
-Eximio -dijo él.
No pude evitarlo.
Monté en cólera.
-¡Pues eso
significa que tú no eres un ex simio -aullé-, sino que sigues siendo un mono y
no has bajado de los árboles!
Perdóneme el
cuitado. La culpa no era suya, sino de la LOGSE y demás planes de estudio. Yo,
amigos lectores y enemigos inquisidores, no soy ni pretendo ser escritor eximio,
engorrosa etiqueta que a nada bueno conduce, pero sí me tengo -desde niño- por
ciudadano extravagante. Reconózcame el Estado esa distinción y extiéndame el
certificado pertinente. A tal deseo responde mi proclama.
¿Acaso no decía
el mejor Neruda en su poema Walking around que sería delicioso asustar a una
monja con un lirio cortado o dar muerte a un notario con un golpe de oreja?
Pues ni más ni
menos. Estoy, vuecencia, hasta el gorro de la modernidad, de la posmodernidad,
de las postrimerías del siglo XX, de las estribaciones del XXI, del tercer
milenio y del apocalipsis que nos rodea. Derivó el mundo desde la aristocracia
-gobierno de los mejores; nada que ver con la sangre azul- hacia la rebelión de
las masas y ahora estamos metidos hasta el cuello en la de la chusma.
¿Apocalipsis, dije? No, no... Post-apocalipsis, quise decir. El fin del mundo ha
llegado y nadie -o casi nadie. Seré optimista- se ha dado cuenta. La telebasura,
sin necesidad de acudir a otras contundentes pruebas de cargo, aunque las hay,
lo demuestra.
Estoy hasta el
gorro de que todos los políticos entonen una sola y misma cantilena, la del
cambio, dando así por supuesto que se cambia siempre para mejor y nunca -lo que
es mucho más frecuente- para peor. Donoso Cortés, filosofo decimonónico casi tan
cavernícola como yo y diputado en Cortes, dijo durante un celebérrimo discurso
pronunciado en ellas:
-Señorías, están
ustedes completamente equivocados. El mundo no avanza. Retrocede.
Lo suscribo. ¿Por
qué se dice siempre -en todas las épocas, en todos los lugares- que cualquier
tiempo pasado fue mejor? Así es, y eso sirve también para mí y para cuanto había
en el mundo cuando yo vine a él. No me refiero al franquismo, que es anécdota
pasajera y bagatela exclusivamente española, sino al planeta entero y a cuanto
en él se cuece. Lo de ahora es infecto; en lo de entonces, no todo lo era; y en
cuanto a lo que se avecina... Mejor salgo corriendo. ¿Dónde la traditio -que en
latín significa entrega- y la aurea catena, la cadena dorada, que con sólidos
eslabones de metal precioso se forjaba y a cuyo hilo transmitían el saber y la
sophia perennis los abuelos a los nietos, los padres a los hijos, los maestros a
los aprendices, los profesores a los alumnos y los curas a los monaguillos?
¡Otro mundo es
posible!, gritan ahora los ignaros. Y lo grave es que, seguramente, llevan
razón. Todo, incluso el generalizado horror y la barbarie generalizada de los
tiempos que corren, puede ir a peor.
Estoy, vuecencia,
hasta el gorro de los revolucionarios, de los rupturistas, de los reformistas,
de los progresistas, de los predicadores, de los salvadores de la humanidad o,
simplemente, de la patria y de los grandes hombres, clérigos sin sotana y
solemnes aguafiestas que todo lo cuestionan y lo ponen patas arriba. Se da
mandato a los políticos para que administren y conserven el mundo, no para que
se lo lleven por delante. Así ha sido siempre, decía la sabia voz del pueblo en
el Egipto de Sinuhé, y siempre será así.
Pero no era
verdad.
¿A do fue Tebas?
¿Dónde Tell-el-Amarna? ¿Qué se hizo de Alejandría? ¡Ojalá siguiera el
islamizado, occidentalizado y descabalado Egipto de hoy en manos de los
faraones, del guerrero Horemheb y de los sacerdotes de Amón!
Me arrogo,
vuecencia, como escritor extravagante, aunque no eximio, el soberano derecho
-conferido por mi real gana- de anteponer la estética de lo sublime a la ética
prosaica de los buenos ciudadanos y no tengo, por ello, inconveniente alguno, en
confesar que, como a Alvaro Mutis, no me interesa casi nada de lo que en el
mundo ha sucedido tras la caída de Constantinopla; que detesto a los
sans-culottes de la toma de la Bastilla y que me hubiera gustado ser
lugarteniente antirrevolucionario de la Pimpinela Escarlata; que deploro la
victoria de Abraham Lincoln frente a los gallardos caballeros del Sur en la
guerra de Secesión de los Estados Unidos; que aborrezco al comodoro
norteamericano que con sus naves negras descerrajó el secular bloqueo de Japón y
abrió ese último reducto de la belleza al salvajismo fabril del mundo exterior;
que maldigo a quienes asaltaron y destrozaron el Palacio de Invierno, bendigo la
memoria de los últimos Romanov y cierro filas con las fuerzas leales del
Ejército Blanco; que desprecio al masonazo, militarote y borrachín Kemal
Ataturk, y derramo inconsolables lágrimas por el naufragio de la fastuosa
cultura otomana; que me asquea Sun Yat-Sen y añoro la China del taoísmo, los
emperadores, los guerreros de terracota y los mandarines; que me gustaría haber
llegado a la India Eterna cuando lo hizo Burton o cuando Kipling andaba por allí
y antes, en todo caso, de que Nehru, Indira Gandhi y sus descendientes la
profanaran y modernizaran; que aún sueño antes de dormirme, como lo hacía en mi
niñez lectora y peliculera, con el Africa Negra de los exploradores y los
colonizadores, de Tanganika y Zanzíbar, de la búsqueda de las fuentes del Nilo,
de Livingstone, de Stanley, de Speke, de Tarzán de los Monos... Hoy sólo quedan
allí sátrapas tribales, negreros, funcionarios de la ONU y curitas laicos de
oenegé.
Esto por lo que
hace al mundo y a su universal historia, pero no consentiré que mi país -crema,
traca, hit parade y apoteosis de cuanto aquí denuncio- se vaya de rositas.
¡Linda
trayectoria! De la España Mágica, que yo mismo, en otros tiempos, canté, y de lo
que me arrepiento, a la España Trágica de las guerras civiles y de mis Muertes
Paralelas, y de ella, ahora, a la España Hortera. ¿Final de trayecto? ¿Qué
vendrá después? Tiemblo al pensarlo.
Estoy, vuecencia,
hasta el gorro de su Gobierno y de cuanto su Gobierno hace y representa, de los
Estatutos -todos- y de las trifulcas cainitas, de las disputas mediáticas, de la
Memoria Histórica, la República, el Alzamiento y la guerra, de los flatus vocis
(tolerancia, solidaridad, multiculturalismo, diálogo, talante, negociación,
Alianza de Civilizaciones), de los pedigüeños y los quejicas, de los que sólo
saben protestar y poner el cazo, de quienes se fotografían en pelotas o se rapan
el pelo al cero para mamonear, de los nacionalistas, de los turistas, de las
feministas y feministos que quieren obligarme a decir albañila y a rezar el
madre nuestra, del desarrollismo, de los parques temáticos, los minicines y los
centros comerciales, de Marina D'Or vacaciones todo el año, de Marbella, de El
Pocero, de los banqueros, del Ibex, de Endesa, de las opas, de la obras de
Gallardón, del crecimiento económico, de las gubernamentalísimas organizaciones
no gubernamentales, de los emigrantes (que Alá me proteja por decirlo), de los
manifestantes, de la televisión, de la Operación Triunfo, de la Fórmula 1 y de
la mística del fútbol, el tenis y el baloncesto, de los guiris de pantalón corto
y en chancletas, de las púberes canéforas que van por el mundo enseñando los
michelines del ombligo con el borde superior del pantalón a la altura de la
rabadilla, de las pasarelas, de las top model y su ridícula forma de caminar, de
las alegres comadres y los atontolinados compadres que hibernan, bailan el rock
y se alimentan con mortadela en los hoteles cutres de Aguadulce, Oropesa y
Benidorm, del Código Da Vinci, el Temple, el Santo Grial y María Magdalena, de
los tertulianos radiofónicos (yo lo soy), de las encuestas, de las campañas de
fomento de la lectura, de la moralina de los anuncios institucionales, de los
matrimonios civiles adobados con tul ilusión, de los estúpidos controles de los
aeropuertos, de la tortilla de patatas servida en copa, de las gilipolleces de
Ferran Adrià y los cocineros creativos, de los millones de cursis, de los
millones de horteras, de los millones de consumistas papanatas, de la plebe en
general y de casi todo lo que por ser español y habitante del siglo XXI me ha
caído en perra suerte.
¿Qué esperar, por
otra parte, de un país en el que hubo un ministro del Interior que se llamaba
Mayor Oreja (perdóname, Jaime, pero un chiste es un chiste), hay ahora otro que
se llama Rubalcaba, manda en Cataluña un individuo que lleva nombre de vino
andaluz y el banquero más importante se apellida Botín?
Nomen est omen.
Y ahora,
conde-duque, envíeme vuecencia los corchetes, pero es mi deber avisarle de que
va a perder el tiempo. Los septuagenarios y los niños somos, ya lo dije, por ley
de edad y de encogimiento de hombros, invulnerables. Tanto, verbigracia, como
por trágala del Sistema lo son sus Señorías. Y además me importa un pito, se lo
aseguro, lo que vuecencia piense, lo que sus ministros opinen y lo que la gente
diga. A la vista está.
Non serviam. Año
nuevo, ¿vida nueva? ¡Viva Valle-Inclán! ¡Abajo Salsa rosa, el socialismo, los
okupas, el centenario del Quijote, Soria Ya y Teruel Existe! ¿Será el de hoy un
gran día? ¿Tendrá cojones EL MUNDO para publicar este artículo? ¡En pie,
patricios de la tierra! Tal es mi envite. Fin de la proclama
www.elmundo.es Fernando Sánchez Dragó
.10.01.07