La burocracia está a punto de
dejar sin piso a una familia que
acude a
Cáritas
para comer y vestirse. Antonio
Rivera, de 54 años, sufrió un
infarto en julio de 2004. Salvó
la vida gracias a una clínica
privada, que lo ingresó en la
UCI ante la falta de camas
libres en los hospitales
públicos.
La Consejería de Sanidad admite
que es un caso de "asistencia
vital" y que deberá asumir los
15.500 euros de la factura.
Pero, por un formalismo
jurídico, se niega a avanzar el
dinero y quiere que el hombre
pida un crédito. La clínica, que
dice "no entender" a Sanidad, ha
llevado la deuda a los
tribunales.
"¿Cómo voy a pedir un crédito de
15.500 euros si ingreso menos de
400 al mes?", se pregunta
Antonio, indignado y angustiado
en el salón del piso de Mejorada
del Campo que ahora teme perder.
Tras el infarto, no ha podido
volver a trabajar. "Yo era
pintor autónomo. Pero no he
vuelto a ser el mismo. Se me
olvidan las cosas y soy incapaz
de organizarme", explica.
Nieves, su mujer, le regala una
mirada tierna. "Estuvo 35
minutos en parada
cardiorrespiratoria y le han
quedado algunas secuelas",
susurra. "Nada que le impida
llevar una vida casi normal,
pero lo de trabajar es
imposible", añade.
Al ser autónomo, Antonio ingresa
poco por su baja laboral, unos
600 euros al mes. De ellos,
tiene que pagar 240 para seguir
cotizando como trabajador por
cuenta propia hasta que un
tribunal de la Seguridad Social
resuelva qué grado de
incapacidad le va a conceder.
Con ellos viven una hija con un
bebé de 15 meses y un hijo
militar.
"Nuestros
otros dos hijos tratan de
echarnos una mano, pero muchos
meses ellos tampoco pueden",
relata Antonio. Un documento de
Cáritas
certifica que la familia "está
recibiendo comida y ropa cada 15
días ya que no dispone de
ingresos".
En esta
situación, la notificación del
juzgado de Primera Instancia de
Coslada, recibida hace seis
meses, cayó como una bomba en la
familia. "Si en 20 días no paga
ni comparece en este juzgado
dando razones de la negativa al
pago", avisa el escrito, "se
despachará ejecución" para el
embargo de sus bienes. De
momento, Antonio ha logrado
paralizar el proceso mientras
espera las gestiones de un
abogado de oficio.
"Es
que no me puedo creer lo que nos
está pasando", musita. Permanece
unos segundos en silencio antes
de repasar los hechos acaecidos
desde el 26 de julio de 2004.
"Salí de casa para ir a trabajar
a Arturo Soria, en Madrid, donde
estaba pintando en una
urbanización. Iba siempre por la
M-40 y la Gran Vía de
Hortaleza,
pero aquel día cambié de ruta.
No me acuerdo de casi nada.
Aparqué junto a la clínica
Nuestra Señora de América, salí
del coche y caí fulminado",
relata con ritmo pausado.
Su mujer toma el
relevo: "Los médicos nos dijeron
que estuvo 35 minutos en parada
cardiorrespiratoria y que casi
le daban por muerto cuando
lograron reanimarle. Luego lo
ingresaron en la UCI, donde
estuvo cuatro días". Nieves
enseña unos documentos de la
clínica y de Sanidad. En ellos
se lee una petición del centro
privado para que la consejería
le traslade a un hospital
público, pero ésta contesta que
"no hay ninguna cama libre en la
UCI" en sus hospitales y
solicita que Antonio siga
ingresado en Nuestra Señora de
América.
Aún no había
recibido el alta cuando la
clínica presentó la primera
factura. "Eran 1.200 euros por
un
stent",
un pequeño cilindro que se
introduce en el vaso sanguíneo
que ha sufrido el infarto.
"Tampoco los teníamos entonces,
pero los juntamos entre todos y
los pudimos pagar", cuenta
Nieves, que admite que Sanidad
les devolvió el dinero "muy
rápido".
Tras un traslado
al hospital de La Princesa por
unos problemas respiratorios,
Antonio recibió el alta un mes
más tarde. "Al principio no
sabía ni dónde vivía. Creía que
tenía cinco hijos [tiene cuatro]
y tuvo que aprender a escribir
otra vez", explica Nieves.
Antonio empezaba a recuperar su
autonomía cuando la familia
recibió otra factura de 15.505
euros por el tratamiento
recibido. "Nos asustamos mucho,
pero fuimos al Ayuntamiento y a
nuestro hospital y nos dijeron
que era la Comunidad la que
tenía que pagar".
El caso de
Antonio Rivera es uno de los
definidos como "asistencia
urgente, inmediata y de carácter
vital" por la normativa
sanitaria. La ley establece que
en estos casos la sanidad
pública asumirá los costes de la
asistencia sea donde sea. "A mí
el infarto me dio allí, yo no lo
elegí", se justifica Antonio.
Nieves llevó la
factura y todos los documentos
al Defensor del Paciente de
Madrid a finales de 2004. Este
organismo, dependiente de
Sanidad y cuyo titular es Juan
Ignacio Barrero, debe velar por
el interés de los pacientes
cuando crean que no se respetan
sus derechos en la sanidad
pública. "Los presenté pensando
que todo se iba a resolver",
explica.
Más de dos años
ha tardado el Defensor en
contestar a la familia,
concretamente hasta el pasado 17
de enero. En una carta de seis
páginas y cargada de argumentos
jurídicos, Barrero admite que la
atención a Antonio fue un caso
de "urgencia vital", que no se
le ingresó en un hospital
público porque "no había camas
libres en la UCI" y que es la
sanidad pública la que deberá
hacerse cargo de su asistencia.
Pero el Defensor
topa aquí con un obstáculo
insalvable que le impide pagar
la factura: la normativa habla
de "reembolsar
los gastos" al paciente, no de
pagarlos. Y Sanidad, en una
orden interna, precisó al
Defensor que "para hacer un
reintegro de gastos es
imprescindible que el gasto se
haya producido", lo que no
ocurría porque Antonio no puede
sufragarlo. La solución del
Defensor es que Antonio pida un
crédito y así se lo podrá "reembolsar".
"Parece un chiste, pero es
verdad", comenta el afectado.
La clínica
privada, en una carta remitida
al Defensor, muestra su asombro.
"No logramos entender por qué
desde el Servicio Madrileño de
Salud se exige el pago previo de
la factura al señor Rivera
sabiendo que, finalmente, dicho
servicio deberá reembolsárselo",
suscribe la clínica.
Pese a ello, el
centro se muestra dispuesto a
cobrar "a plazos" para evitar
que Antonio deba pedir un
crédito de 15.050 euros. "Es la
solución que les ha dado el
Defensor, que yo pida un crédito
por menos dinero, que pague a la
clínica, y que me devuelvan el
dinero y así volver a empezar
hasta pagarlo todo. Y yo no
puedo asumir los gastos
financieros que eso supone",
sentencia.
www.elpais.es
26.02.07