No
tiene asignado un puesto en ninguna de las
listas electorales del próximo 9 de marzo, pero
hace semanas que está de campaña. La presidenta
de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre,
que también preside el PP madrileño, inició en
febrero una intensa actividad, en la que aúna
actos electorales y funciones institucionales en
una apretadísima agenda.
Si no
fuera porque en esta ocasión no se presenta, se
diría que el frenético día a día de Aguirre es
idéntico al de la pasada campaña electoral
autonómica, en la que logró revalidar el cargo.
Como entonces, repite la misma confusión en sus
actos como presidenta y en los que hace de
"lideresa" (como le gusta autondenominarse) de
su partido. Como ayer, cuando visitó Torrejón de
Ardoz para anunciar la llegada de una línea de
metro que aún tardará más de tres años en
construirse (el estudio del proyecto ni siquiera
está terminado), y reunió en una carpa instalada
para la ocasión a unos 250 simpatizantes del PP.
Recordaba mucho a las inauguraciones de
hospitales sin equipamiento de la pasada
campaña, los mismos que comienzan a funcionar en
estos días, tras nuevos cortes de cintas, como
el hospital del Henares, el pasado 8 de febrero.
El
frenético ir y venir de Aguirre es todavía más
evidente ya que su compañero-rival, el alcalde
Alberto Ruiz-Gallardón, le ha cedido gran parte
del espacio en los medios de comunicación al
haber minimizado su actividad pública, desde que
Mariano Rajoy le comunicó hace ya un mes que no
iría en la lista.
Desde
entonces, el regidor ha reducido a uno al día,
dos como mucho, los actos públicos de la
alcaldía. No ha vuelto a aparecer en las ruedas
de prensa tras la Junta de Gobierno de los
jueves, lo que según su estilo personal
significa no responder a los periodistas, ya que
el resto de días se niega al turno de preguntas.
Y cuando coinciden actividades conjuntas de
Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, como en la
inauguración de los intercambiadores recién
remodelados -mañana abre el de Moncloa-, se
muestra discreto, pronuncia su discurso y
desaparece, acompañado de su séquito, sin
quedarse siquiera al copetín habitual de
estos actos.
Eso sí,
aprovecha muy bien sus actos públicos para
lanzar metáforas que lo dicen todo. Como la
sonada alusión al final de la fiesta de Carnaval
a la batalla de "don Carnal y doña Cuaresma"
como símil de su pública enemistad y las
tremendas diferencias entre sus personalidades.
La
actividad política de Gallardón es aún menor que
la que mantiene como alcalde de la capital. Al
menos es coherente con su anuncio de que
abandonará definitivamente la política el 10 de
marzo, un día despues de las elecciones. Aunque
muchos en el PP lo equiparen al órdago que lanzó
a Aguirre en septiembre de 2004 y que nunca
cumplió. "Si tú eres presidenta de Madrid, yo no
me presento a las municipales de 2007", la avisó
entonces, según recoge el libro La
presidenta, de Virginia Drake, la biografía
de Esperanza Aguirre.
Esta
misma semana el PP de Madrid ha anunciado que
Gallardón participará en la tradicional pegada
de carteles para abrir la campaña, en Barcelona.
Después tiene comprometidos actos en Tarragona,
A Coruña, Vitoria y Navarra. Y finalmente cuando
se cierre la campaña acudirá al acto de su
partido en Madrid.Sólo las apariciones de
Aguirre fuera de la región en esta precampaña
han duplicado a estas alturas todos los bolos
que Gallardón hará en todo el periodo electoral.
La presidenta ha visitado Málaga, Vitoria,
Bilbao, Murcia, Zaragoza, Vigo, Mérida, Lleida y
Palma de Mallorca.
Y
viajará aún más. No hay descanso hasta el 9 de
marzo para Esperanza Aguirre y, pese a que en el
PP ni siquiera avanzan su agenda electoral
futura, dado que se ajusta según sus actividades
como presidenta, barajan visitas a Toledo o
Valladolid.
Aguirre
no acompañará a Rajoy y Gallardón en Barcelona
para abrir la campaña del PP. Alguien tiene que
quedarse a hacerlo en Madrid y ella es la
presidenta del PP regional, que se debe a sus
militantes y a la ya tradicional cita en la
plaza de Colón. Pero el día grande, el de cierre
de campaña el próximo 7 de marzo, será en su
territorio y esa noche estará con Rajoy.
Mientras, le quedan muchos mítines en casa. Hoy
tiene previsto un mitin en San Lorenzo de El
Escorial, junto a Manuel Pizarro y Eduardo
Zaplana (números dos y cuatro, de
la lista por Madrid).
Como
una más. Porque Aguirre es un plus en los
mítines del PP, ya que no ha tenido que
improvisar en dos días su discurso contra el
Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Está
muy acostumbrada a hablar de política nacional,
no en vano se ha labrado durante los últimos
cuatro años el papel de jefa de la oposición.
En la pasada legislatura tuvo enfrentamientos
con casi todos los ministros, especialmente con
la de Fomento, Magdalena Álvarez. Y no hay pleno
de la Asamblea en el que no dirija sus dardos
contra Zapatero.
En
cambio, Gallardón tiene fama en el PP de estar
más cerca del socialismo. Tampoco le ayudan
gestos como el de apoyar a los colectivos
homosexuales que se manifestaron ayer ante la
sede del PP en Génova en protesta por la
intención de Rajoy de derogar la adopción o el
matrimonio gay.
Por
eso, aunque Aguirre se empeñe en que no se
siente "en absoluto triunfadora" sobre el
alcalde, como aseguró el viernes en TVE, ha
tomado el escenario como si no existiera rival.