|
La Empresa Municipal
de Servicios Funerarios fue privatizada por 0,6 euros (100 pesetas)
cuando pudo haber sido vendida por 7.430.132 euros (1.236.270.000
pesetas), "lo que supone un daño a los intereses públicos",
establece la sentencia que la Audiencia Provincial dictó ayer sobre
el caso funeraria. Esta decisión pone punto y aparte a un proceso
judicial que se ha dilatado durante 15 años y que cierra el mayor
escándalo del mandato de José María Álvarez del Manzano en el
Ayuntamiento de Madrid (PP, 1989-2003).
Los tres magistrados de la Audiencia que han
instruido el caso consideran que el primer teniente de alcalde de Madrid entre
1991 y 1995, Luis María Huete (PP), lo "pudo haber evitado y no lo evitó". Por
eso, lo condena a dos años y un día de inhabilitación para ocupar cargo público.
Huete tiene 79 años y lleva cinco apartado de la política.
La sentencia absuelve al resto de los nueve
imputados, entre ellos a otros dos ex concejales populares, Simón Viñals y
Antonio Moreno, de los delitos de malversación de fondos públicos, maquinación
para alterar el valor de las cosas, falsedad documental y tráfico de influencias
porque algunos ya están prescritos.
El caso se inicia en 1992 cuando el primer
teniente de alcalde de Madrid Luis María Huete (PP) decide iniciar los trámites
para privatizar parcialmente la Empresa de Servicios Funerarios de Madrid. El
Ayuntamiento había adquirido la sociedad siete años antes y a pesar de que
actuaba como un monopolio arrojaba grandes pérdidas. El concejal de Sanidad,
Simón Viñals, pidió a las juntas de distrito el cierre de las casas mortuorias
privadas para evitar la competencia. La funeraria tenía además una deuda con el
Ayuntamiento de 13.671.505 de euros (2.274 millones de pesetas). Antonio Moreno,
ex concejal de Personal y Régimen Interior, elaboró los pliegos del concurso
para privatizar la empresa pública, que terminaron favoreciendo a Funespaña.
Viñals, que entonces presidía la funeraria
municipal, contrató como asesor a José Ignacio Rodrigo (posteriormente consejero
y accionista de Funespaña) que accedió a información privilegiada durante la
venta de la funeraria.
Huete, tras ignorar las advertencias de los
técnicos municipales, decidió adjudicar finalmente la venta del 49% de la
funeraria municipal (con el respaldo del Grupo Popular en el pleno) así como la
gestión y un ingreso adicional del 20% de los beneficios a la funeraria
municipal por una cantidad simbólica: 0,6 euros. La sentencia reconoce "la
existencia de indicios de que la decisión [de adjudicar la privatizacíón a
Funespaña] fue influenciada de modo indirecto por Huete".
Los magistrados concluyen que "el ex teniente de
alcalde adoptó una decisión a pesar de las advertencias de los técnicos de que
el verdadero valor de la oferta elegida no era el que figuraba en ella". Y
añade: "El acusado propuso al pleno aprobar la adjudicación a Funespaña creando
una situación de riesgo que se concretó posteriormente".
Tan sólo unas semanas después de la privatización
parcial, la empresa supuestamente estaba en quiebra, Huete propuso la
condonación de la deuda que mantenía con el Ayuntamiento (13,6 millones). Dos
años más tarde la funeraria arrojaba unos beneficios de seis millones.
Tras conocer ayer la sentencia que le condena a
dos años y un día de inhabilitación para ocupar cargo público, Luis María Huete,
vestido con traje de chaqueta y gabardina, se llevó las manos a la cabeza.
Comenzó a hacer aspavientos. "Hay que recurrirla", comentó a sus abogados con
preocupación. La pena a Huete ha sido reducida porque el tribunal estima como
atenuante "las dilaciones indebidas" del caso. Pero la sentencia lo deja claro:
"El acusado no dudó en suscribir un contrato en el que figuraba un precio que
sabía incierto e inexacto, ni en proponer al pleno municipal la condonación de
la deuda que la empresa funeraria tenía contraída con el Ayuntamiento".
De esta forma, Funespaña compró por 0,6 euros una
empresa con una deuda de 13,6 millones y tan sólo dos años después esta deuda
fue perdonada por el Ayuntamiento a instancias del ex teniente de alcalde del
Gobierno popular de José María Álvarez del Manzano. El negocio fue redondo.
Uno de los impulsores de este negocio fue José
Ignacio Rodrigo, asesor contratado por el gerente de la empresa funeraria, el ex
concejal Simón Viñals. Rodrigo pasó de elaborar informes sobre la situación de
la empresa municipal a hacerse con su control. Un estudio encargado por Rodrigo
valoraba la funeraria en 18 millones de euros. Sin embargo, éste "transmitió -a
los responsables municipales- su particular y sesgada opinión de la situación
económica de la sociedad municipal" para vender la empresa mixta, según se
desprende de la sentencia. El 22 de diciembre de 1992, el Ayuntamiento adjudica
el 49% de la empresa funeraria a Funespaña. Huete aboga por condonar la elevada
deuda.
Rodrigo había conocido a los hermanos Juan Antonio
y Ángel Valdivia, propietarios de Funespaña, y pronto se hizo con un hueco en la
nueva organización tras la compra de éstos de la funeraria municipal. Fue
nombrado consejero y se convirtió en accionista. Rodrigo diseñó un complejo
entramado de arquitectura financiera, con empresas ficticias radicadas en
Holanda, para hacerse con el control de los socios de Funespaña, y distribuir el
beneficio que obtenía la sociedad por la gestión de la empresa mixta funeraria
entre los hermanos Valdivia e "impedir que la empresa tributara a la Hacienda
Pública".
Por estas actuaciones la sentencia culpa a Rodrigo
de un delito de tráfico de influencias y a los hermanos Valdivia de otro contra
la Hacienda Pública (correspondiente al año 2003) y falsedad documental. Pero
los magistrados consideran que estas infracciones han prescrito por lo que "han
quedado extinguida sus responsabilidades penales". Los imputados se han
beneficiado de 15 años de pleitos. La primera denuncia del caso Funeraria fue
presentada en 1993 por el ex concejal socialista Juan Barranco contra el proceso
administrativo. Tres años más tarde, IU presentó otra por la vía penal. En 2003,
el caso se instruye en el Tribunal Superior de Justicia, por ser Huete diputado
regional. Cuando se iba a iniciar la vista oral el tribunal lo retrasó por
coincidir con las elecciones autonómicas. Cuando Huete abandona el hemiciclo
regional su defensa solicita que el caso se traslade a la Audiencia. El
penúltimo escollo se produce en 2006 porque uno de los jueces se inhibe alegando
amistad íntima con una de las partes.
A pesar de todo, la sentencia no ha detectado
indicios de maquinaciones para alterar el precio de las cosas, ni de
malversación de caudales públicos. Los grupos de la oposición de Madrid (PSOE e
IU) anunciaron ayer que recurrirán la sentencia.
(www.elpais.com,
03/06/08)
HUBO TRÁFICO DE
INFLUENCIAS Y FALSEDAD
Tras conocer ayer la sentencia que le condena a
dos años y un día de inhabilitación para ocupar cargo público, Luis María Huete,
vestido con traje de chaqueta y gabardina, se llevó las manos a la cabeza.
Comenzó a hacer aspavientos. "Hay que recurrirla", comentó a sus abogados con
preocupación. La pena a Huete ha sido reducida porque el tribunal estima como
atenuante "las dilaciones indebidas" del caso. Pero la sentencia lo deja claro:
"El acusado no dudó en suscribir un contrato en el que figuraba un precio que
sabía incierto e inexacto, ni en proponer al pleno municipal la condonación de
la deuda que la empresa funeraria tenía contraída con el Ayuntamiento".
De esta forma, Funespaña compró por 0,6 euros una
empresa con una deuda de 13,6 millones y tan sólo dos años después esta deuda
fue perdonada por el Ayuntamiento a instancias del ex teniente de alcalde del
Gobierno popular de José María Álvarez del Manzano. El negocio fue redondo.
Uno de los impulsores de este negocio fue José
Ignacio Rodrigo, asesor contratado por el gerente de la empresa funeraria, el ex
concejal Simón Viñals. Rodrigo pasó de elaborar informes sobre la situación de
la empresa municipal a hacerse con su control. Un estudio encargado por Rodrigo
valoraba la funeraria en 18 millones de euros. Sin embargo, éste "transmitió -a
los responsables municipales- su particular y sesgada opinión de la situación
económica de la sociedad municipal" para vender la empresa mixta, según se
desprende de la sentencia. El 22 de diciembre de 1992, el Ayuntamiento adjudica
el 49% de la empresa funeraria a Funespaña. Huete aboga por condonar la elevada
deuda.
Rodrigo había conocido a los hermanos Juan Antonio
y Ángel Valdivia, propietarios de Funespaña, y pronto se hizo con un hueco en la
nueva organización tras la compra de éstos de la funeraria municipal. Fue
nombrado consejero y se convirtió en accionista. Rodrigo diseñó un complejo
entramado de arquitectura financiera, con empresas ficticias radicadas en
Holanda, para hacerse con el control de los socios de Funespaña, y distribuir el
beneficio que obtenía la sociedad por la gestión de la empresa mixta funeraria
entre los hermanos Valdivia e "impedir que la empresa tributara a la Hacienda
Pública".
Por estas actuaciones la sentencia culpa a Rodrigo
de un delito de tráfico de influencias y a los hermanos Valdivia de otro contra
la Hacienda Pública (correspondiente al año 2003) y falsedad documental. Pero
los magistrados consideran que estas infracciones han prescrito por lo que "han
quedado extinguida sus responsabilidades penales". Los imputados se han
beneficiado de 15 años de pleitos. La primera denuncia del caso Funeraria fue
presentada en 1993 por el ex concejal socialista Juan Barranco contra el proceso
administrativo. Tres años más tarde, IU presentó otra por la vía penal. En 2003,
el caso se instruye en el Tribunal Superior de Justicia, por ser Huete diputado
regional. Cuando se iba a iniciar la vista oral el tribunal lo retrasó por
coincidir con las elecciones autonómicas. Cuando Huete abandona el hemiciclo
regional su defensa solicita que el caso se traslade a la Audiencia. El
penúltimo escollo se produce en 2006 porque uno de los jueces se inhibe alegando
amistad íntima con una de las partes.
A pesar de todo, la sentencia no ha detectado
indicios de maquinaciones para alterar el precio de las cosas, ni de
malversación de caudales públicos. Los grupos de la oposición de Madrid (PSOE e
IU) anunciaron ayer que recurrirán la sentencia.
(www.elpais.com,
03/06/08)
EL NEGOCIO DE TRES
HOMBRES IMPUNES
La compañía que cotiza en bolsa Funespaña gestiona
la Empresa Mixta de Servicios Funerarios de Madrid. Pese a tener sólo el 49% de
las acciones y a que el presidente del Consejo de Administración sea el concejal
de Seguridad del Ayuntamiento, Pedro Calvo, maneja la sociedad semipública. Por
esta gestión se lleva el 20% de los beneficios.
La sentencia difundida ayer atribuye a los
hermanos Juan Antonio Valdivia y Ángel Valdivia (vicepresidente y consejero
delegado, respectivamente de Funespaña), los delitos de falsedad documental y
fraude a la Hacienda Pública, aunque los considera prescritos. José Ignacio
Rodrigo, que es accionista mayoritario de Funespaña a través de sociedades
interpuestas, y que asesoró al Ayuntamiento en la privatización, ha cometido,
según el fallo, un delito de tráfico de influencias, también prescrito.
Los tres se han beneficiado del retraso judicial
para seguir gestionando la funeraria, que repartió en 2006 casi tres millones de
euros en dividendos. La gestión de los servicios funerarios de la capital está
dirigida por tres personas que han cometido delitos y no han pagado por ellos.
(www.elpais.com,
03/06/08)
UN CONDENADO, NUEVE
IMPUTADOS
Luis María Huete el único condenado por el caso
Funeraria tiene 79 años y ha pasado casi tres décadas en el Ayuntamiento. Fue el
último regidor madrileño de la dictadura franquista, entre enero y abril de
1979. Huete alternó cargos en el Ayuntamiento y en la Asamblea de Madrid.
El ex concejal de Personal y Régimen Interior,
Antonio Moreno, ocupó el cargo entre 1991 y 2003. Elaboró los pliegos para el
concurso de privatización de la funeraria municipal, que resultaron muy
favorables a Funespaña, la empresa que la compró. El ex concejal de Sanidad y
gerente de la empresa funeraria, Simón Viñals, llegó al Consistorio tras ganar
una oposición como cirujano. Pronto fue nombrado concejal, cargo que desempeñó
hasta 2003. Fue uno de los impulsores de la privatización de la funeraria y el
que contrató y dio voz a las tesis de José Ignacio Rodrigo. Este abogado del
Estado tuvo acceso a información privilegiada. Después de la venta organizó una
trama para hacerse con el control de Funespaña. Los empresarios Juan Antonio y
Ángel Valdivia eran los propietarios de esta sociedad, creada en Almería, que
adquirió la funeraria por 0,6 euros.
15 años de pleitos
- 22 de diciembre de 1992. Funespaña adquiere el
49% de la Funeraria Municipal por 0,60 euros.
- 1993. El PSOE interpone un recurso
contencioso-administrativo.
- Mayo de 1996. IU presenta una denuncia ante la
Fiscalía Anticorrupción.
- Enero de 1998. El Tribunal de Cuentas detecta
irregularidades en la adjudicación de la privatización.
- Septiembre de 1999. La Fiscalía Anticorrupción
presenta una querella ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM)
contra 14 personas, entre ellas dos concejales del equipo de gobierno del PP
-Simón Viñals y Antonio Moreno-, el consejero de Sanidad de la Comunidad,
Ignacio Echániz, varios ex concejales, Luis María Huete (en ese momento diputado
autonómico), Angel Larroca y Venancio Mota, y la directiva de Funespaña.
- Abril de 2002. El juez dicta un auto por el que
se acusa formalmente a Luis María Huete, a Simón Viñals y a Antonio Moreno de
los delitos de prevaricación, malversación de fondos públicos y maquinación para
alterar el precio de las cosas. La acusación se amplía a José Ignacio Rodrigo y
a los hermanos Juan Antonio y Ángel Valdivia, responsables de Funespaña.
- Septiembre de 2002. El juez decreta la apertura
de juicio oral e impone una fianza a los tres cargos del PP imputados y a los
tres empresarios de Funespaña.
- Enero de 2003. El TSJM anula el concurso de
privatización de la funeraria municipal, considera que la privatización no fue
transparente.
- Septiembre de 2003. La Fiscalía solicita que la
causa abierta en el TSJM se traslade a la Audiencia Provincial de Madrid
alegando que Huete ya no es diputado regional.
- Mayo de 2006. El Supremo da la razón al
Ayuntamiento contra la sentencia del TSJM que anula el concurso.
- 7 mayo de 2007. Suspendido hasta el 4 de junio
de 2007 el juicio en el Audiencia Provincial por la incomparecencia de uno de
los encausados.
- 4 de junio de 2007. Se inicia el juicio.
(www.elpais.com,
03/06/08)
Volver |