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No se hablaba de otra cosa ayer en el PP. En los
despachos de Génova, en la cafetería del Congreso, en los corrillos
que precedieron al Pleno... Lo llamaban la vendetta y se referían,
claro, a la crisis de gobierno en el PP de Madrid. Sin excepciones,
todos interpretaban la criba de los consejeros marianistas como la
respuesta de Esperanza Aguirre al maltrato recibido por Mariano
Rajoy en el reciente congreso de Valencia.
Dominaba la sorpresa, si no el estupor, por la
fuerza y, aún más, la rapidez de la reacción de la baronesa. Si lo hubiera hecho
en septiembre, decían, se habría entendido mejor. Diputados andaluces, gallegos,
manchegos... eran los más críticos, y calificaban la decisión de Aguirre de
«pataleta de perdedor».
En el reproche, no obstante, hasta los más
oficialistas venían a reconocer que, pese a lo pretendido en los discursos, el
congreso popular no se cerró en Valencia. Los más vinculados a Génova se dolían
de que este nuevo gesto de «confrontación» entre Aguirre y Rajoy devolviera a
los titulares la crisis del PP, justo el día en que se celebraba la primera
reunión del comité de dirección. Y eso que nadie conocía aún los detalles.
Este diario ha podido saber que Aguirre, además de
a Pizarro, tanteó a otro de los críticos a Rajoy: Juan Costa. Mantuvo al menos
una conversación sobre su posible incorporación al equipo de Madrid en un puesto
compatible con su acta de diputado. Fuentes solventes aseguran que, al
principio, Pizarro fue la apuesta en la Consejería de Justicia y Costa, en la de
Economía. Ni la Comunidad de Madrid ni Costa -ayer, en RNE- lo confirmaron.
Sea como sea, Génova se cuidó mucho de no acusar
el pretendido golpe ni darse por enterada. Rajoy optó, como otras veces, por el
fútbol, y bromeó ante los micrófonos sobre la inexistencia de una «remodelación»
en la alineación de la selección española en la Eurocopa. El vicesecretario de
Comunicación, Esteban González Pons, habló para, de manera sorprendente, hacer
suyas las razones esgrimidas por Aguirre: «Simplificar organigramas y reducir
peso burocrático».
Pero, sin perderse en estas disquisiciones, la
secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se estrenó ayer con un
británico no comment con el que resistió a una batería de preguntas a la salida
del comité de dirección. «El PP no tiene ninguna competencia sobre el Gobierno
de Madrid», dijo, «y, por eso, lo que tiene que hacer es no comentar las
decisiones que tome».
Sobre la primera reunión del comité de dirección,
Cospedal tampoco fue muy explícita -hablaron de la crisis económica y del plan
Ibarretxe-, pero, en realidad, tampoco hacía falta. Lo más importante de la
reunión de ayer fue la propia foto de su constitución. Una foto en la que
faltaba Jaime Mayor Oreja -el único ausente de los tres portavoces-, en la que
estaban, además de De Cospedal y Rajoy, los tres vicesecretarios, y en la que
destacaba, por su excepcionalidad, Alberto Ruiz-Gallardón. Tal como admitió De
Cospedal, el alcalde de Madrid está en el comité no porque lo digan los
estatutos del partido sino «porque quiere Rajoy».
Y es que, tal como explicó la propia secretaria
general por la mañana en Telemadrid, en lo que constituyó la frase del día, al
PP le ha llegado la hora del «marianismo». Así lo dijo De Cospedal con el objeto
de desmentir o devaluar la impresión de que el PP se distancia ahora del
aznarismo. Lo que se abre ahora en el PP, según explicó la número dos, es una
«nueva etapa», en la que «es hora de hablar de marianismo».
(www.elmundo.es,
27/06/08)
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