El
organismo investiga un
desfase contable por
valor de 73 millones
Suele tardar
años. Pero esta
vez trabaja a la
velocidad de la
luz. En apenas
un mes, el
Tribunal de
Cuentas, la
máxima
institución de
vigilancia de la
contratación
pública, ha
encontrado
indicios de
irregularidades
en el contrato
de concesión de
los chirimbolos,
otorgado por el
Ayuntamiento de
Madrid, que
dirige Alberto
Ruiz-Gallardón
(PP). Por eso,
el tribunal ha
iniciado el
proceso y
solicitado a su
órgano de
gobierno que
nombre un
instructor para
que investigue
los hechos. Esta
decisión
responde a la
denuncia que
presentó el
pasado 15 de
febrero el grupo
municipal
socialista.
"Es muy
grave
que
falte
tanto
dinero",
afirma
David
Lucas,
portavoz
socialista
En un auto
fechado el
pasado 24 de
abril, el
Tribunal de
Cuentas y el
ministerio
fiscal afirman
que "de los
antecedentes
incorporados a
las presentes
actuaciones se
desprende que
los hechos que
han dado lugar a
las mismas
pudieran ser
constitutivos de
un supuesto de
responsabilidad
contable por
alcance".
Este término
jurídico,
"responsabilidad
contable por
alcance", indica
que podría
faltar dinero.
En concreto, los
73 millones de
euros que habría
perdido el
Ayuntamiento al
elegir la
empresa
adjudicataria.
El contrato para
explotar la
publicidad se
concedió el 20
de diciembre de
2006 a Clear
Channel-Cemusa,
por 160 millones
de euros, frente
a los 233
millones de su
principal
competidora, la
firma Viacom
Outdoor. La
diferencia entre
ambas ofertas es
la cifra que
faltaría, los 73
millones.
La
responsabilidad
contable por
alcance está
prevista en el
artículo 38 de
la Ley Orgánica
del Tribunal de
Cuentas: "El que
por acción u
omisión
contraria a la
ley originare el
menoscabo de los
caudales o
efectos públicos
quedará obligado
a la
indemnización de
los daños y
perjuicios
causados".
Si se demuestra
que hubo un
alcance
contable, los
firmantes del
documento de
adjudicación del
contrato serían
los responsables
de devolver el
dinero. Es
decir, los
técnicos de la
entonces
Consejería de
Medio Ambiente y
Obras Públicas,
que dirigía Paz
González y que
tras las
elecciones se ha
dividido en dos.
Entre ellos, el
ex jefe de
Mobiliario
Urbano Juan José
Fernández-Villa
Medina, cuyo
hijo trabajó en
la empresa
adjudicataria.
Además, el
Tribunal puede
condenar o
absolver al
Ayuntamiento y
declarar nulo el
contrato si
considera que se
ha vulnerado la
ley.
"Queremos que se
conozca la
verdad y que se
llegue al final.
Este proceso que
iniciamos y que
ahora apoya el
ministerio
fiscal tendrá
que demostrar
las
responsabilidades
contables de los
que permitieron
esa
adjudicación.
Consideramos que
se incumplieron
principios
básicos que
garantizan la
transparencia de
la
contratación",
afirmó el
portavoz
socialista,
David Lucas.
"Lamentablemente,
nos estamos
acostumbrando a
rascar un poco
en este
Ayuntamiento y a
encontrar
irregularidades
por doquier. ¿Es
ésta la
Administración
excelente y
eficaz de
Gallardón? Es
muy grave que
haya existido
falta de
ingresos de 73
millones",
agregó.
Pero el problema
de dicho
contrato no era
sólo económico.
El pliego de
condiciones,
diseñado
especialmente
para la ocasión
y mal
estructurado,
según los
expertos
consultados,
impidió que se
evaluara el
impacto
medioambiental
de las
propuestas. El
concurso, en el
que participaron
cinco
candidatos,
tenía tres
fases: la que
juzgaba la
oferta
económica, la
comercial y el
impacto
medioambiental.
Pero el criterio
de puntuación
otorgaba en cada
fase la máxima
puntuación a la
mejor valorada y
cero puntos a la
peor. Para
superar cada
evaluación se
requería una
puntuación
mínima en cada
fase. En el
primer corte,
tres empresas
quedaron
descartadas de
un plumazo. El
segundo fue cosa
de dos y a la
tercera fase
sólo llegó la
ganadora, que ni
se sometió al
examen
ambiental.
Además, el
pliego de
condiciones no
tuvo en cuenta
los beneficios
contables de los
concursantes,
sino el volumen
de facturación.
Clear Channel
está en números
rojos y eso no
influyó. Tras
conocerse esta
información, el
pleno aprobó que
los chirimbolos
pasaran por la
comisión de
vigilancia de la
contratación.
Pero el PSOE
pidió la
intervención del
Tribunal de
Cuentas.
El
precedente
de
Álvarez
del
Manzano
y su
costurera
El precedente más claro de una investigación del Tribunal de Cuentas al Ayuntamiento de Madrid fue el que protagonizó el anterior alcalde, José María Álvarez del Manzano, también del PP, en 2000. Entonces fue sometido al mismo procedimiento de "alcance contable" por los gastos de su cuenta restringida, con cargo a las arcas municipales, que utilizó para hacer pagos de viajes con su esposa, donativos a entidades religiosas, a su costurera y compras de joyas, entre otros.
El Tribunal Constitucional le condenó en primera instancia por una "grave negligencia" y le obligó a devolver 103.776 euros. En realidad, el gasto fue de 171.345, pero la diferencia había prescrito. Álvarez del Manzano recurrió en apelación la decisión y al final consiguió que el Tribunal revocara la sentencia siete meses más tarde.
El ex regidor dispuso desde 1991 de una cuenta restringida de 42.689 euros anuales. Pero sólo comenzó a rendir cuentas de su gasto a partir de febrero de 2000, cuando salió a la luz pública su existencia. El alcalde nunca negó el uso privado que hacía de ese dinero, pero en su apelación la defensa alegó la inexistencia de una normativa sobre la gestión de esa cuenta. "No hay norma presupuestaria o contable en el ámbito local que regule los gastos de representación, protocolarios o de tipo benéfico social. La inexistencia de norma vulnerada impide que haya existido dolo, culpa o negligencia grave". Esa tesis fue asumida íntegramente por el ponente de la sentencia.
Como no estaba regulado, el Tribunal de Cuentas entendió que el ex alcalde, que ahora preside Ifema, no cometió ilegalidades al pagar, por ejemplo, un sueldo a la costurera de su mujer.
www.elpais.es
13.05.08
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