De RTVE y Telemadrid. 27/12/04
Disparatado retablo televisivo en este final del año
2004. ¿Cómo esta TVE, la del cambio y la transparencia, la televisión
con vocación de calidad y de servicio público, que aguarda pacientemente el
dictamen de los denominados sabios, ha vuelto a contratar a José Luis
Moreno como responsable y productor de la gala de Año Nuevo? ¿Quién protege
a Moreno en el equipo de Carmen Caffarel? ¿A qué está jugando la directora
general de RTVE que se queja, y con toda la razón, de la difícil situación
económica en la que se encuentra el ente y, en paralelo, premia a uno de los
tipos que más dinero se ha llevado en la última década de Prado del Rey,
facturando por todo lo alto unos programas más bien infames, groseros y,
en el fondo, profundamente reaccionarios? Afirma ahora Moreno que el programa de
fin de año costará un 25 por ciento menos de presupuesto que en la pasada
edición, con los mismos presentadores y con un elenco parecido. Pues qué bien.
Dice tan acreditado ventrílocuo que el recorte de presupuesto
respecto al pasado año obedece al endeudamiento de RTVE. ¡Manda huevos!, que
dijera en su momento Trillo quien, por cierto, hace un año aún era ministro. ¿O
es que entonces, señor Moreno, no estaba endeudado el ente? Lo estaba. Su deuda
se disparó vertiginosamente durante los ocho años de José María Aznar en La
Moncloa. En este tiempo los suyos controlaron férreamente los contenidos de RNE
y de TVE, hasta consolidar el sistema de la censura y el pensamiento único,
ahogando sin complejos el pluralismo. Mientras, otros también suyos,
directamente o por personas interpuestas, se repartían el colosal botín de las
productoras.
Uno de los que más pillaron fue José Luis Moreno.
Curiosamente, el director de TVE, nombrado por el PP, Juan Menor, ratificado
incomprensiblemente por Carmen Caffarel y, por fin, destituido estos días, ha
vuelto a contratar a Moreno. Eso sí, tras haber operado el milagro de
reducir en un 25 por ciento los costos de la gala. Todo un
filántropo, un benefactor de las arcas públicas, el tal José Luis Moreno. Podría
nombrarlo asesor suyo el ministro Solbes, a ver si le enseña a recortar
los Presupuestos Generales del Estado en una cuarta parte sin alterar ni en un
milímetro los fines y objetivos de los mismos. "Esta rebaja no incide en el
desarrollo del programa, y agradezco que hayan vuelto a confiar en nosotros y, a
pesar de ello, vamos a dar más artistas, más fiesta y más pasión, porque esto es
más que un programa", ha declarado Moreno. ¿Cómo no va a estar agradecido
Moreno, si hasta le permiten que otra producción suya se pueda ver en Antena 3
la misma Nochevieja, compitiendo obviamente con TVE?
Nadie con autoridad en el ente ha dado explicación
convincente alguna acerca del retorno de Moreno a Prado del Rey.
Tampoco nadie, hasta la fecha, ha explicado debidamente las razones por las que
ni a través de la Primera o de La 2 TVE emitiera la comparecencia de Pilar
Manjón, presidenta de la Asociación de las Víctimas del 11-M, ante la comisión
parlamentaria de investigación. El episodio parlamentario más impactante y de
máxima actualidad e interés ciudadano fue vergonzosamente ocultado a los
ciudadanos por la televisión pública. La 2 trasmitió las comparecencias de José
María Aznar y de José Luis Rodríguez Zapatero. No, en cambio, la de Pilar
Manjón, la representante de las víctimas, casi 200 muertos, de aquel desdichado
11 de marzo. ¿Por qué? No han hablado ni la directora general, Carmen Caffarel,
ni el director de TVE, Juan Menor, ni el director de los Servicios Informativos,
Fran Llorente, ni tampoco el alter ego de éste, Lorenzo Milá, tan locuaz
a la hora de propagar la buena nueva de que por fin RTVE ha sido liberada.
Pudo suceder que la incompetencia, la ignorancia o la falta
de olfato periodístico de los responsables de TVE les llevara a
suponer que la presencia de Pilar Manjón sería estrictamente protocolaria y de
trámite, por lo que acordaron pasar olímpicamente de la misma, mientras la 2, en
un alarde de modernidad, proyectaba la película Cuarenta grados a la sombra,
de José Luis López Vázquez, Alfredo Landa y Gracita Morales, estrenada en 1967,
con Fraga Iribarne aún de ministro y el franquismo disfrazado de aperturista
engañabobos. Un portavoz de RTVE, según leo en El País, precisó
que en el caso de la comparecencia de Pilar Manjón "no había habido una petición
expresa" a TVE por parte del Congreso de los Diputados para su retransmisión. Es
decir, que la recién liberada TVE, al parecer, transmite en función no de
su propia autonomía profesional, sino de lo que le solicite el Congreso de los
Diputados. "A sus órdenes, señor Marín", le debe de decir a menudo Carmen
Caffarel. "¿Tendrá la amabilidad, señor presidente del Congreso, de indicarme
los próximos eventos parlamentarios que usted y los portavoces
parlamentarios consideran de obligado cumplimiento difundir en directo a través
de TVE, ahora ya independiente?".
Pero pudo acontecer, asimismo, que Caffarel recibiera
indicaciones precisas desde algún despacho ubicado en el palacio de la Moncloa,
o sus instalaciones contiguas, aconsejándole que no diera por una cuestión de
prudencia la alocución de Manjón en directo. ¿Fue así? ¿Han empezado a
restablecerse las instrucciones de antaño procedentes del Gobierno y dirigidas a
TVE? ¿Temía el Gobierno a Manjón? Pero, en realidad, ¿no era el PP el que
estaba en contra de Manjón, como pudo comprobarse con facilidad viendo el
comportamiento grosero hacia la compareciente, aunque formalmente neutro, de
Eduardo Zaplana? ¿Pudo atender acaso Carmen Caffarel un ruego amistoso de
Mariano Rajoy, ese caballero tan amable y tan moderado? Cuando redacto este
artículo, la protesta del Consejo Provisional de Informativos (CPI) no ha
obtenido respuesta. El CPI señaló en un comunicado que para la retransmisión en
directo "todo estaba preparado técnicamente" y, en cambio, no se retransmitió
salvo de modo parcial. Sostienen los trabajadores que "TVE parece desdeñar
la importancia de unos testimonios que, además de necesarios por su valor
informativo, tienen un espacial interés humano, que debiéramos haber puesto
íntegramente en conocimiento directo de los telespectadores".
Un suceso como el narrado deslegitima además, y
estúpidamente, a los socialistas para, por ejemplo, pedir cuentas al PP de
Esperanza Aguirre por los desmanes que se acumulan cada vez más en Telemadrid.
En la cadena autonómica madrileña abunda la sal gruesa, es el refugio de muchos
de los periodistas más fervorosos partidarios del régimen aznarista y el ex jefe
de prensa de Aguirre, Manuel Soriano, director general de Telemadrid, tiene
todos los números para superar incluso las hazañas del siempre recordado Urdaci.
Aparte de que, gracias a una modificación legal de los estatutos que rigen
Telemadrid, Soriano podrá a partir de ahora tomar decisiones de carácter
económico de mucha mayor envergadura y sin excesivas cautelas o filtros
(felicidades pues a las productoras afines, las cuales chuparon del bote de TVE,
como he apuntado líneas arriba, durante los ocho años del Aznarato), la
irritación más reciente del PSOE se ha generado por la cobertura de Telemadrid
en la comisión del 11-M. Dio Telemadrid en directo tanto la comparecencia de
Aznar como la de Rodríguez Zapatero, pero en ambos casos fueron silenciados los
portavoces de los grupos nacionalistas CiU, ERC y PNV. ¡Inaudito! ¡Una
televisión pública censurando a los partidos que no son de ámbito nacional!
¡Aguirre y cierra España! Bueno, queridos amigos lectores de El Siglo, que el
año 2005 sea para todos mejor, incluso para las televisiones públicas.