JUAN JOSÉ MILLÁS

El brazo armado de santa Teresa
Beteta no puede ser tan simple como para ignorar el registro
mental que la expresión "brazo armado" destapa en los ciudadanos de este país,
de modo que cuando acusó al presidente de Agecovi de ser el brazo armado del
PSOE tenía que conocer muy bien la red asociativa que estaba tejiendo en el
inconsciente colectivo. Menos mal que vimos el rostro de Orencio Osuna por la
tele y era el de un hombre inerme, al contrario del de Romero de Tejada, cuyos
ojos apuntan al interlocutor con la agresividad de una escopeta de caza de dos
cañones. Aunque para brazo armado, por poner un ejemplo que no deje lugar a
dudas, el de los generales utilizados por los correligionarios de Beteta para
mentir, intoxicar y engañar a los ciudadanos sobre la guerra de Irak.
Añadió Beteta que si el presidente de Agecovi no era del
PSOE, estaba haciendo méritos para ganarse el carné. Los militares que
repitieron como loros la doctrina del Gobierno ya deben ser, sin embargo,
miembros honoríficos del PP, y quizá empleados de la tienda de fotocopias de los
hermanos Sánchez Lázaro. Se lo han ganado actuando de terminales del ventrílocuo
Trillo en los medios de comunicación de tierra, mar y aire. Pero como la
existencia de un brazo armado sugiere la existencia de un brazo político, ahí
tenemos a Ana de Palacio rubricando con su brazo de ministra de Exteriores de
Bush el informe soez que justifica el asesinato de José Couso.
Más analogías, señor Beteta: El acuerdo del PSOE con Agecovi
fue firmado con un brazo en cuyo extremo sólo había una pluma estilográfica y
ante la presencia, por lo visto, de cámaras de televisión y periodistas, es
decir, a la luz del día y con taquígrafos, mientras que el panfleto con el que
el Gobierno adoctrinó a sus generales para justificar una matanza se imprimió
clandestinamente, por la noche, quizá en la misma empresa de fotocopias de la
que Romero de Tejada se acaba de despedir sin haber trabajado en ella un solo
día. No nos extrañaría que el brazo que daba vueltas a la manivela de la máquina
de imprimir fuera el mismo brazo armado que juega al pádel con Aznar.
Beteta no debería hablar con esa soltura de brazos armados,
porque inevitablemente nos trae a la memoria que el brazo derecho de Gallardón
ha denunciado la existencia de un brazo armado, dentro del PP, encargado de
liquidar a su jefe. No debería hacerlo, cuando todos vimos cómo se arrastraba
ante un constructor mafioso, al que pidió perdón por haberle ofendido después de
que un brazo del PP le colocara en la sien un teléfono móvil que disparaba
órdenes, en ráfaga y una a una.
No debería hacerlo después de haber actuado a la vista del
público de brazo armado de Tamayo y Sáez, a quienes veremos sentados en el
Consejo de Caja Madrid, con enorme riesgo para nuestras cuentas corrientes.
Si hablamos de brazos armados, señor Beteta, tendríamos que
ver en qué momento suspendió Telemadrid sus emisiones y a quiénes habría
beneficiado esa interrupción. Y mencionamos Telemadrid por no hablar de los
brazos armados de La Primera, La 2, o Antena 3, que ya no son brazos armados,
sino divisiones acorazadas como las que sacó Milans del Bosch a la calle el día
de autos. Pero, aparte de que es indecente hablar de brazos armados en un país
donde el diablo carga esta clase de metáforas, usted, qué quiere que le diga,
procede de donde procede, lleva unos trajes demasiado amplios (como si
escondiera una artillería debajo de la chaqueta), y se inclina al interrogar a
sus víctimas del lado de la sobaquera.
Al principio pensamos que había utilizado usted esa expresión
desdichada por orden de la superioridad, como primer paso para acusar a Zapatero
de pertenecer a ETA (lo que no es más que una cuestión de tiempo), aunque quizá
tenga usted tan interiorizada la predisposición satanizadora de su jefe que le
saliera de motu propio. En tal caso, lo que ocurrió es que le traicionó su
inconsciente, porque al inconsciente también lo carga el diablo, y el suyo debe
añorar el brazo armado de santa Teresa con el que su homo antecesor firmaba
las penas de muerte de la misma izquierda que hoy, sentada en el banquillo
(además de cornuda, apaleada), intenta defenderse de haber sido agredida ante
una comisión en la que, pese a estar hecha a la medida del PP, no han podido
ustedes disimular el peso de la sobaquera en el lado de la caja torácica donde
normalmente sólo se lleva el corazón.
(*) Publicado en El País.15.08.03