

OPINIÓN E
IMAGEN

LOS AGUIRRE
:
Negocios, fortuna y nobleza en la
Presidencia de Madrid
La familia de la nueva inquilina
de la sede de la Puerta del Sol no es, definitivamente, una fiel
representante de la estirpe del españolito medio. Con un potente patrimonio
inmobiliario en varios puntos de España, algunas empresas que lo gestionan y
adquieren nuevas propiedades y apellidos de abolengo que van más allá del
conocido de su marido, Fernando Ramírez de Haro, conde de Murillo con
Grandeza de España, no es de extrañar que empresarios y constructores hayan
sonreído con la reciente llegada de
Esperanza Aguirre a la
Presidencia de Madrid. “Es de las nuestras”, pensarían. Y con razón.
Por Ana
Pardo de Vera
El
dinero no otorga la felicidad, pero se da buena facilidad para imitarla. Y,
desde luego, la familia de la nueva presidenta de la Comunidad Autónoma de
Madrid (CAM) es, por lo que reza el dicho, aparentemente feliz. Aparte de un
patrimonio personal más que considerable, pues procede de una familia muy
bien acomodada, Esperanza Aguirre está respaldada en su entorno más
inmediato por dos sectores muy fructíferos económicamente: el inmobiliario,
pues, aparte de sus pequeñas incursiones en el sector, uno de sus ocho
hermanos, Santiago, es presidente de Aguirre Newman, una gran empresa
consultora que se declara capaz de resolver “todas las necesidades
inmobiliarias”, y el de la alta nobleza terrateniente.
El marido
de la sustituta de Alberto Ruiz-Gallardón, Fernando Ramírez de Haro Valdés,
no pertenece, precisamente, al gremio de los viejos hidalgos arruinados. Es
conde de Murillo y Grande de España, descendiente directo de Felipe El
Hermoso, y posee una inmensa fortuna personal, que junto a la más discreta
pero no por ello desdeñable de su esposa, convierte al matrimonio y a sus
dos hijos, Fernando y Álvaro, en lo que comúnmente se llama una familia
rica, muy rica.
Pero la
presidenta de la Comunidad de Madrid no ha querido desvelar su patrimonio, a
pesar del minucioso despliegue que hizo del propio su rival durante la
campaña de las pasadas elecciones, el socialista Rafael Simancas, hoy líder
la oposición en la Asamblea madrileña. Tal vez, la nueva jefa del Gobierno
regional madrileño lo hizo por pudor, pues los madrileños podrían pensar que
una persona con tanto dinero, aunque insista continuamente en que se compra
la ropa en Zara, tendría más dificultad para ver los problemas de un buen
porcentaje de ciudadanos que no llegan a fin de mes por culpa de la
hipoteca.
Sin
embargo, el cacareado patrimonio de los Aguirre va saliendo a la luz poco a
poco y confirmado el refrán de que dinero llama a dinero. Por ejemplo, nada
más lejos de este popular razonamiento que las informaciones publicadas por
la revista Interviú sobre el paso del AVE Madrid-Lleida por los terrenos que
la familia del marido de la presidenta madrileña posee en Guadalajara,
concretamente en la pequeña localidad de Yebes, que contará con su propia
estación.
La
revalorización de estas tierras de Fernando Ramírez de Haro, sus hermanos,
su madre y su tía ha sido abrumadora con el paso del tren de Alta Velocidad,
y podría serlo aún más según se consolide el uso de la línea de ferrocarril.
La expropiación, que lleva haciendo el Ministerio de Fomento desde 1997,
beneficia sobre todo a la tía del conde Murillo, Teresa Micaela Valdés, por
más que el titular del ramo, Francisco Álvarez-Cascos, se empeñe en decir
que los expropiados son los perjudicados de la historia. La hermana de la
suegra de Esperanza Aguirre ha optado por construir una macro urbanización
en Yebes, llamada Valdeluz, Avelandia para los paisanos. Al fin y al cabo,
gracias al AVE, Madrid estará a 15 minutos de Guadalajara, así que esta zona
residencial de lujo (tendrá campo de golf, colegios, zonas comerciales,
hoteles, centro sanitario,...), con unos cinco millones de metros cuadrados
y más de 9.000 viviendas, supondrá un alivio para quienes deseen escapar del
caos de la capital, pero trabajen en ella.
Según el
citado semanario, los principales beneficiados de la decisión no explicada
de Fomento de ubicar la estación del AVE en Yebes son la tía y los primos de
Fernando Ramírez de Haro, aunque el hermano de la jefa del Ejecutivo
madrileño se ha llevado la parte de consultoría del negocio, pues es Aguirre
Newman la encargada de recomendar una casa en Valdeluz.
El conde de Murillo es un rico heredero, terrateniente y ganadero,
como lo es su progenitora. Beatriz Valdés, madre de siete hijos, reúne en la
zona de influencia del AVE en Guadalajara cerca de 1.400.000 metros
cuadrados de terreno. Y no es necesario ser un experto inmobiliario para
saber que todos esos terrenos dispararán su revalorización con el paso de
los años y del ferrocarril más rápido de España.
Los Aguirre
pueden, pues, dormir tranquilos sin que el futuro les resulte incierto. Ni
el presente, porque tan sólo el matrimonio Aguirre-Ramírez de Haro acumula
en la actualidad un patrimonio de más de seis millones de euros sólo en
propiedades. Éstas se distribuyen por Salamanca –unas 500 hectáreas
valoradas en cerca de tres millones de euros–, Ávila –una finca de cerca de
mil hectáreas con un valor de más de cinco millones de euros–, Madrid y la
citada Guadalajara.
Las
propiedades del matrimonio Aguirre en Madrid son, teniendo en cuenta el alto
precio de la vivienda allí, la niña bonita de su patrimonio. La presidenta
de Madrid y su familia viven en un palacete situado en pleno centro de la
capital, del que ya dio cuenta El Siglo en su día (ver la portada del núm.
563: Casa rica, casa pobre). Sólo la construcción está valorada por
los expertos inmobiliarios, como mínimo, en cuatro millones de euros. Tres
plantas con diez balcones, sótano, un patio central empleado como garaje,...
el palacete es una auténtica joya arquitectónica, por construcción y, sobre
todo, por ubicación. La casa de los Aguirre, de casi 1.000 metros cuadrados,
está a nombre de Beatriz Valdés, suegra de la presidenta de Madrid, y del
primogénito de la presidenta de la Comunidad de Madrid y el conde de
Murillo, Fernando, que goza de su correspondiente título nobiliario, marqués
de Villanueva del Duero, con Grandeza de España como su padre.
Por
herencia también corresponde a la ex presidenta de la Cámara Alta una finca
de alto valor ecológico e histórico –casa solariega incluida– en El
Escorial, a donde la familia Aguirre acude a descansar de vez en cuando.
Cuando iba a tener lugar la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag, se nombró La
Granjilla como posible sitio de celebración, aunque Esperanza Aguirre negó
esa posibilidad.
Para
gestionar, al menos, una parte de su patrimonio que, según la presidenta
madrileña, “no es para tanto”, ella y su marido constituyeron la sociedad
Savial, de la que el conde de Murillo figura como administrador único.
Además,
Esperanza Aguirre comparte con sus hermanos y su madre, Piedad Gil de Biedma
Vega de Seoane, hermana del malogrado poeta Jaime Gil de Biedma, la
propiedad de un piso de 350 metros cuadrados en el madrileño distrito de
Chamartín, uno de los más caros de la capital, valorado en más de dos
millones de euros. La madre de la presidenta de la Comunidad de Madrid es
viuda desde 2002 de José Luis Aguirre Borrell, prestigioso abogado de la
alta burguesía madrileña, que dejó a su primogénita casi 100.000 euros de
herencia, según confesó la ex presidenta del Senado.
De sus
padres debió heredar Santiago Aguirre la vocación inmobiliaria, pues Piedad
Gil de Biedma y José Luis Aguirre fundaron en 2000 la sociedad Valdivia
Inversiones, volcada en todo tipo de explotación de fincas, de la que en la
actualidad es administradora única la madre de Esperanza Aguirre, mientras
que el presidente de Aguirre Newman figura como apoderado. Valdivia
Inversiones tiene propiedades en Sotogrande, la lujosa urbanización de la
localidad gaditana de San Roque, y en Madrid.
Este
verano, el hermano de la presidenta madrileña se vio implicado en la crisis
de la Asamblea, cuando los socialistas pidieron su comparecencia en la
comisión de investigación del caso Tamayo por haber colaborado como asesor
inmobiliario en la adquisición del edificio María Zayas por parte de la
sociedad Box Foro Inmobiliaria S.L., propiedad del ex líder de la corriente
socialista Renovadores por la Base, José Luis Balbás. Los populares
impidieron que Santiago Aguirre se presentase a la polémica comisión
alegando que ser pariente de la entonces frustrada presidenta regional no
era un motivo para hacerle acudir.
Hubo, sin
embargo, otra conexión entre Santiago Aguirre y la lamentable crisis
madrileña. La sociedad Valdivia Inversiones, propiedad de Piedad Gil de
Biedma y con su hijo de apoderado compró la inmobiliaria AFI Inmuebles S.A.,
cuyo consejero delegado, Francisco Javier Agurruza comparte negocios con
Alejandro Sáez, socio, a su vez, de los hermanos Fernando y Juan Carlos
Sánchez Lázaro, los dos constructores que emplearon como asesor en una
empresa de fotocopias a Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP
de Madrid y nexo de unión de la mayor parte de los capítulos de la crisis de
la Asamblea madrileña.
Una buena
referencia para empresarios y constructores.
Con semejante baile familiar en torno a empresas, consultoras, propiedades
inmobiliarias, fincas o expropiaciones casuales altamente rentables no es de
extrañar que los constructores madrileños viesen en Esperanza Aguirre a su
presidenta por excelencia, lo mismo que ella vio en los empresarios –y así
se lo hizo saber– a la que sería su niña mimada si alcanzaba el Gobierno de
Madrid. Las primeras reivindicaciones no se han hecho, pues, esperar.
No hacía dos días que la jefa del Ejecutivo madrileño lo era y el presidente
de la Asociación de Promotores y Constructores de la Comunidad de Madrid,
Manuel Martí, le lanzaba un consejo, cuando menos, discutible. Según Martí,
Esperanza Aguirre debería cambiar la Ley del Suelo para suprimir la reserva
de terreno destinada a la construcción de viviendas de protección oficial.
Para el presidente de la asociación de Promotores y Constructores madrileña,
que considera ese aspecto de la Ley del Suelo “una verdadera
monstruosidad económica”, lo ideal es que ese tipo de vivienda salga de la
liberalización. Y así se permitió recomendárselo a la nueva jefa del
Gobierno regional madrileño.
Esperanza
Aguirre (Madrid, 1952) pertenece a lo que tópicamente se conoce como alta
sociedad madrileña. Lo hace en la forma tradicional, al estar casada con un
noble con Grandeza de España, y en la forma económica, con una considerable
red empresarial, fruto del patrimonio familiar, que como en el caso del AVE
trae incontables beneficios.
Es
indudable que la ex presidenta del Senado, la mayor de ocho hermanos, ha
tenido una vida acomodada. Sus padres, pertenecientes a la alta burguesía
madrileña, vivieron cerca de la Embajada de EE UU, en una privilegiada zona
verde del Barrio de Salamanca madrileño –tal vez por ello se hizo famosa en
la concejalía de Medio Ambiente de la Alcaldía de Madrid por querer llenar
lugares estratégicos de la ciudad de plantas y flores–. Piedad Gil de Biedma
sigue habitando ese piso, muy grande y decorado de forma tradicional con
gran profusión de retratos de antepasados.
Esperanza
Aguirre recibió una esmerada educación en el Instituto Británico y el
Colegio de la Asunción, lo que le permite hablar bien inglés y francés. Su
imagen se ha asociado siempre con el prototipo de niña bien del barrio de
Salamanca.
La nueva
presidenta madrileña, licenciada en Derecho por la Universidad Complutense y
número tres de la promoción de opositores del Cuerpo de Técnicos Superiores
de Información y Turismo en 1976, asegura que no utiliza jamás ropa prestada
por diseñadores famosos y que viste generalmente de Zara, salvo para la
noche, que escoge los trajes de Dolores y Teresa, y para el calzado, de
tacón alto, que recurre a Pilar Burgos. Su peluquería habitual es Peque,
quien le realizó un cambio de corte de pelo para las elecciones, y le
encantan las gargantillas, los pendientes de bisutería –las joyas de
herencia familiar sólo las utiliza en ocasiones especiales– y los
complementos –bolsos grandes por el día y pequeños por la noche, cinturones
anchos y pañuelos de Hermès–. Es una amante del golf, del que aseguran que
alcanza un buen nivel, de la novela latinoamericana y del ensayo político.
De sus
hermanas, Esperanza Aguirre es la que luce la imagen más tradicional. Dos de
ellas, Piedad –esposa del marqués de Portugalete, Francisco Javier Cavero de
Carondelet y Christou, con el que tiene dos hijos, Borja y Beltrán– y Rocío
Aguirre, fueron incluso conocidas empresarias de la noche cuando abrieron,
en diciembre de 1991, la mítica Sala Caracol junto a Juan Sobrino y María
Dolores, Mariola, Orellana, la mujer del cantante de Ketama, Antonio
Carmona. Las hermanas de la ex ministra de Educación y Cultura y sus socios
compraron una vieja nave industrial de interior destartalado y la
convirtieron, con la imprescindible colaboración del promotor artístico
Benamargo, en el templo del flamenco de la época.
La
copropiedad de las hermanas Aguirre, que vendieron en 1996, no estuvo exenta
de polémica. En 2001 una orden del Ayuntamiento de Madrid, encabezado por
José María Álvarez del Manzano, precintaba la Sala Caracol por “incumplir
sistemáticamente las ordenanzas municipales”, lo que montó un enorme revuelo
ante la Casa de la Villa, a donde acudían a manifestarse grupos de artistas
exigiendo la apertura del local.
Sin
embargo, según denunciaron entonces la oposición municipal de PSOE e IU y
los nuevos dueños de la sala de conciertos, el expediente para cerrar
Caracol se empezó a tramitar exactamente cuando Piedad y Rocío Aguirre
dejaron de ser sus propietarias. Mientras tanto, aun reuniendo las mismas
condiciones que en 2001, el alcalde y su equipo de Gobierno, entre los que
se encontraba Esperanza Aguirre, entonces primera teniente alcalde del
Ayuntamiento de la capital, no tomaron ninguna medida para precintarla.
Finalmente,
la Sala Caracol se abrió más de un año después, en mayo de 2002, tras ser
acondicionado el local y aceptar algunas restricciones horarias.
¿Gozaron de
un trato privilegiado las hermanas de Esperanza Aguirre y sus socios? Tal
vez, como pudo haberle ocurrido al segundo hijo de la presidenta de la
Comunidad de Madrid. Álvaro Ramírez de Haro Aguirre, de 23 años y perceptor
de ayudas oficiales para la ganadería que los Aguirre tienen en las fincas
de Salamanca, según Interviú, recibió una de las ocho matrículas de honor
que el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de
Madrid, José Iturmendi, concedió en la asignatura de Derecho Natural en el
curso 1998-1999.
Las otras
siete, según hizo saber El Siglo en su núm. 512 (ver, Los chanchullos de
Iturmendi), fueron distribuidas entre otros hijos y familiares de altos
cargos del PP y de amigos del propio decano. Y es que José Iturmendi
Morales, en el citado año académico dio clases de Derecho Natural en primer
curso de la carrera al Grupo A, es decir, al grupo de alumnos cuyos
apellidos comenzasen por las letras A o B, un total de 127 personas. Sin
embargo, el decano, que bien es verdad que tiene la facultad de ordenar
cambios de grupo, añadió a su clase a otros alumnos que, por una lógica
cuestión de listas, correspondían a otros profesores.
Entre estos agregados figuran: el hijo menor de la hoy presidenta de la
Comunidad de Madrid; otro retoño de la ex ministra de Medio Ambiente, Isabel
Tocino; una familiar del actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón,
entonces en el cargo de Aguirre, una nieta del que fuera presidente de
las Cortes, del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo,
Antonio Hernández-Gil. Curiosamente, a todos ellos, además de al hijo de la
vicerrectora de Alumnos de la Complutense, María Teresa Fernández-Pacheco y
a otros vástagos de catedráticos y profesores amigos suyos, Iturmendi, en
los exámenes finales de junio les otorgó la máxima calificación, la
matrícula de honor. Fueron los únicos ocho que la recibieron de 176 alumnos,
según extrajo El Siglo de la hoja oficial de calificaciones.
José
Iturmendi encabezó la representación más conservadora en las elecciones al
Rectorado de la Universidad Complutense, que tuvieron lugar antes de las
vacaciones y en las que finalmente, obtuvo el puesto el catedrático de
Economía Aplicada, Carlos Berzosa
03.11.03

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